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Tratar de comprender los cambios, las lógicas, las paradojas y las
promesas que nos ofrece la Historia de la Cultura Escrita es una tarea compleja
y ardua, que requiere ser emprendida con esfuerzo y esmero.
Pero no se trata necesariamente de una tarea amarga o penosa, sobre todo si uno tiene la fortuna de compartirla con brillantes profesionales, dispuestos
a brindar no sólo su excelencia sino también su
cordialidad, su generosidad y su compañerismo. Así, al
encuentro de disciplinas y perspectivas, siempre
fructífero, se le une el encuentro de culturas y de voluntades y el resultado no puede más que ser un logro digno de ser celebrado.
Hasta la próxima