WordPerfect 5.1

[http://www.uah.es/otrosweb/jmc]

      


 

 

 

Trabajando con el procesador de textos.

 

 

 

WordPerfect 5.1. significa: "Procesador de textos WordPerfect, versión 5.1", también conocido como wp5.1 o wpdos. Lo de wpdos hace referencia al sistema operativo. Sí, supones bien: WordPerfect 5.1 funciona bajo el sistema operativo DOS. Este sistema operativo desapareció hace tiempo de la faz de los ordenadores, pero tanto Windows 95, como Windows 98 y Windows 2000 están equipados con emuladores que nos permiten seguir utilizando las viejas (y eficaces) aplicaciones de DOS. Lo cierto es que WordPerfect 5.1 es un programa que ayuda al usuario a escribir cómodamente (esto es, a expresar sus ideas). Debido a que el 5.1 es un buen programa, no hay razón para dejar de utilizarlo. Por tanto, algunos seguimos y seguiremos resistiendo mientras haiga (esta palabra va así p'a ver qué hace google con ella) sistemas operativos compatibles con nuestro querido procesador.  

 

  Word Perfect 5.1 todavía resiste

 

WordPerfect nació en Orem (Utah, EE.UU.) la tierra de los mormones. Las primeras versiones eran toscas y rudimentarias, pero, con la versión 4.2, los genios de Orem lograron desbancar al rey de aquellos tiempos heroicos: Word Star (¿se acuerda alguien de aquellos comandos engorrosos a base de "control + tecla"?). La apasionante historia de WordPerfect Corporation, se narra en el libro "Almost Perfect", escrito por W.E. Pete Peterson, uno de los creadores de nuestra joya informática. La cumbre de las versiones de WordPerfect es, sin duda, la que ostenta el número 5.1 para DOS. Circula, por ahí, una versión 5.1+ que no conozco y que, según parece, contiene algunas mejoras mínima y algún que otro "bug".

 

 

Almost Perfect

W.E. Pete Peterson

http://www.fitnesoft.com/AlmostPerfect/ 

 

 

Mucha gente se sorprenderá, sin duda, al enterarse de que todavía existen usuarios de WordPerfect 5.1. Seguramente, el lector creerá que estos fanáticos son una especie de secta de gentes tecnológicamente atrasadas, que no tienen ni idea de que existe internet, ni manejan programas gráficos, etc. Nada más lejos de la realidad: lo anterior sería como suponer que un amante de la música clásica no va al cine, ni sube a los aviones, ni llama por teléfono móvil, etc. La cuestión es muy distinta. Un wordperfectero puede ser experto en redes neuronales o en páginas web, a la vez que sigue dependiendo de su viejo WordPerfect 5.1. Algunos de los defensores radicales de nuestro amigo 5.1 son programadores y expertos en software. En mi caso, no tengo el más mínimo reparo en utilizar Front Page (sí, sí, de Microsoft) para construir la página web que estás leyendo. Eso sí, los contenidos han sido escritos, depurados y organizados antes con WordPerfect 5.1

 

Invito al curioso lector a visitar la página http://wpdos.org. Allí podrá contemplar, admirado, la enorme cantidad de recursos que los militantes han acumulado para poder seguir trabajando con nuestro programa preferido. Basta un ejemplo para ilustrar la situación a la que nos enfrentamos los creyentes en WordPerfect 5.1: hace tiempo que no se fabrican ni utilizan las impresoras que podía manejar nuestro programa en 1991 (cuando vino al mundo),  Comoquiera que el 5.1 dejó de comercializarse allá por 1994, la empresa WordPerfect Corporation dejó de actualizar los drivers de las nuevas impresoras que iban saliendo. Sin embargo, voluntarios de la resistencia han creado nuevos drivers para las máquinas actuales. ¡Incluso existen procedimientos, que, aunque son ciertamente engorrosos, permiten generar ficheros pdf desde WordPerfect 5.1!. Hay hasta foros de discusión en internet donde la gente plantea sus dudas y expertos diversos ofrecen sugerencias y respuestas.

 

 

Foro en internet dedicado a wp5.1 

 

http://www.wpuniverse.com/vb/forumdisplay.php?forumid=49 

 

 

 

 

WordPerfect for DOS Updated

New Printer Drivers, Euro Symbol Support, Added Features, and Windows Compatibility for WPDOS 5.1 and 6.x


http://wpdos.org 

 

 

Cada vez que un worperfectero cambia de ordenador, se ve obligado a instalar su viejo 5.1 en la nueva máquina, lo cual supone una tarea complicada. Yo mismo, por ejemplo, tuve que luchar contra las ventanas (versión 2000) durante varios meses hasta que conseguí adaptar WordPerfect 5.1 al sistema operativo de mi ordenata portátil. No se asuste el lector: no fueron varios meses dedicados únicamente a esta tarea, ¡no!. Más bien, empleé un día en la instalación básica, seguido, a ratos, durante varios meses, de ajustes, cambios, adaptaciones, pruebas, etc. Lo cierto es que todavía hoy (tres años después) modifico alguna que otra cosa cada cierto tiempo. Sin duda, el esfuerzo ha valido la pena. Ahora puedo utilizar WordPerfect 5.1 con cincuenta líneas de texto amarillo sobre fondo negro (me gusta más que el clásico fondo azul). La configuración original sólo permitía 25 líneas de texto. Además, he conseguido implementar en pantalla un tipo de letra que emula bastante bien al que se utilizaba en los tiempos de la versión 5.1. Como dirían los madrileños: ¡una auténtica gozada!.

 

La pantalla de mi wp5.1

 

Hay que tener en cuenta que una versión de WordPerfect 5.1 no es sólo un conjunto de programas y ficheros que vienen así de fábrica. ¡No, nada de eso!. Cada worperfectero va creando sus propias macros, plantillas, teclados, formatos, procedimientos, etc. que hacen la vida más fácil y automatizan determinadas tareas. Por ejemplo, yo tengo una macro llamada "cursicom" que pone en CURSIva el texto que hay encerrado entre COMillas. Esto se hace automáticamente en todo el documento. Este tipo de parafernalia forma parte de la idea que tengo in mente cuando me refiero a "mi wp5.1". Lógicamente, cuando no queda más remedio que cambiar de ordenador, hay que trasladar (y adaptar) toda una vida de trucos informáticos al nuevo sistema operativo. Una película que contase este proceso podría titularse "¡No sin mis macros!".

 

Los wordperfecteros sentimentales coleccionan los viejos manuales y libros sobre su programa. Hace poco, los colegas de un departamento vecino me regalaron nada menos que un "pack" conteniendo el mítico "Trabajos prácticos con WordPerfect 5.1" y el tochesco "Manual de referencia", más una versión original, en disco GRANDE, del programa (me costó trabajo dar con un ordenador que tuviese una unidad de disco de 5 y cuarto). Iban a tirarlo todo porque ya nadie lo utilizaba. También tengo el libro de Ibáñez (dos ejemplares, comprados por pocos euros en el Rastro madrileño) y un viejo programa de ayuda de Anaya descubierto por un compañero en el colegio donde trabaja. Por si fuera poco, he conseguido un manual sobre el lenguaje de programación de macros, con numerosos ejemplos. Además, tengo toda una carpeta con 19 Mbytes de cosas relacionadas con WordPerfect 5.1, bajadas de internet (entre ellas, una colección de preguntas frecuentes de los clientes, con las correspondientes respuestas con trucos y recetas)..

 

La principal ventaja de WordPerfect 5.1 es que es un procesador de textos sencillo. Con WordPerfect 5.1 uno no se engaña: no es el mejor programa para editar una revista o una página web, pero es insustituible para expresar, organizar y relacionar ideas en una pantalla en blanco (o en azul o en negro). Eso se consigue, fundamentalmente, gracias a que, en los tiempos en que nació WordPerfect 5.1, no era fácil para los programadores implementar la filosofía WYSIWYG (What you see is what you get, o como se diga). Nuestro héroe sólo se atreve a mostrar el documento tal como quedará en papel cuando se le ordena explícitamente (mayúscula+F7, seguido de "ver documento"). Con otros procesadores posteriores, lo que ves en la pantalla es, prácticamente, lo mismo que saldrá por la impresora. ¡Craso error de diseño!. Con WordPerfect 5.1 uno tiene que esforzarse para perder el tiempo en estúpidos cambios de formato, del tipo de letra, etc. En cambio, con las nuevas versiones y con los procesadores ventanescos, ocurre justo lo contrario: hay que esforzarse para no caer en esas tentaciones, especialmente, cuando las ideas se muestran remolonas. Es fácil caer en el juego de cambiar los tipos de letra (miles de tipos de letra, que rara vez se utilizan), la separación entre líneas, los sangrantes sangrados, los "tabúes" de las enumeraciones, etc... En nuestro caso, como uno no pierde el tiempo en esas tonteras, a veces tiene la impresión de que WordPerfect 5.1 no existe (¿cabe mayor elogio para un programa de ordenador?). El usuario inteligente de 5.1, escribe y reescribe su documento y, sólo al final, lo deja "bonito" utilizando sus formatos preparados de antemano. Es como si WordPerfect 5.1 le preguntase: "¿lo de siempre, señor?" y uno contestase: "lo de siempre, 5.1".

 

wp5.1 puede mostrar el formato definitivo de un documento.

 

Otra característica de nuestro programa es que está escrito en código fuente directamente y no, como otros, que han sido compilados, una vez que han sido escritos en lenguaje de alto nivel. Gracias a esta precaución, el 5.1 es rápido y eficiente.

 

El procesador WordPerfect 5.1 tiene una utilísima función para revelar códigos, lo cual permite manipular los formatos de una forma directa y sencilla. Me refiero a los códigos de formato (Ej.: negrita, cursiva, etc). Los usuarios de otros procesadores más sofisticados ni siquiera saben a qué me refiero, ni gozan de la potencia de esta facilidad con los códigos. Otra característica útil de WordPerfect 5.1 es que la ayuda es fácil, inmediata y clara. Como el número de opciones es limitado, uno siempre sabe lo que tiene que preguntar. Además, WordPerfect 5.1 llama a las cosas por su nombre, como un usuario medio suele llamarlas y no inventa términos raros para referirse a cosas comunes. La ayuda es doble: te informa de qué tecla hay que pulsar para conseguir algo y te dice qué puedes hacer con una tecla determinada.

 

 

Revelar códigos 

 

 

Con WordPerfect 5.1 el usuario se siente dueño de la situación: no hay por qué echarse a temblar cuando se abre un documento, al tiempo que nos preguntamos con qué cambio inesperado seremos obsequiados esta vez. Tampoco estaremos sometidos al peligro continuo de que un párrafo, altere, de pronto, su formato completamente, sin que hayamos hecho nada más que borrar unos espacios aparentemente vacíos. Por supuesto, no tendremos que luchar para que se respeten nuestras palabras, ni nuestras enumeraciones (a, b, c, ... 1, 2, 3, ...). Esto ocurre porque nuestro querido 5.1 te deja en paz y sólo se manifiesta cuando tú lo llamas. No, no hay que temer que un clip mutante, que, sin que se sepa bien cómo, ha averiguado que estás escribiendo una carta, salga de pronto silbando y pisoteando tus palabras y te pregunte si necesitas ayuda (¡vete al infierno, engendro maldito, y déjame terminar mi artículo!).

   

 

WordPerfect 5.1 es, en mi opinión, el programa ideal para todos aquellos que se dedican a escribir textos en los que el contenido es más importante que el formato.

 

 

Una de las características más útiles de WordPerfect 5.1 es su potentísimo sistema de macros: todo un lenguaje de programación. Aunque la edición de estas macros no es sencilla, una vez que uno se acostumbra, es muy fácil construir programas que gestionan automáticamente registros, ficheros, datos, etc. Para alguien como yo, que se dedica, en parte, a trabajar con cantidades considerables de registros procedentes de bases de datos, las macros son fundamentales. Por si fuera poco, es posible programar estas macros sin aprender visual basic ni nada por el estilo. En tiempos, estas macros dieron lugar a una floreciente industria de aplicaciones que se vendían y compraban como añadidos y complementos "de productividad". Todavía es posible encontrar muchas de estas macros en internet.

 

Un ejemplo de macro. Parece complicada pero no lo es tanto.

 

Lógicamente, con WordPerfect 5.1 es necesario invertir cierto esfuerzo, al principio, para aprender las principales funciones. Para ello se dispone de la ayuda de una plantilla que se coloca sobre el teclado. Sin embargo, una vez que se aprenden los códigos, los dedos van solos a la tecla de función correspondiente. Además, con WordPerfect 5.1 el usuario puede aprender lo que quiera y limitarse a trabajar con esas características básicas. Por si fuera poco, no es necesario pasar por el tormento de las múltiples ventanas en las que se nos pregunta la misma cosa seis o siete veces y se insiste en paralizarnos a base de cuestionar si estamos seguros de lo que queremos hacer: ¡vamos, ni que fuéramos tontos!.

 

Otros procesadores de texto más sofisticados, en manos de fanáticos y fracasados, sirven fácilmente para generar instrumentos fastidiantes destinados a complicar la vida del sufrido investigador. La forma más conocida y temida en el contexto universitario consiste en los aborrecibles formularios y documentos que hay que cumplimentar cuando se solicita un proyecto de investigación o cosas similares. A veces, imagino al burócrata de turno, perdido en su oficina y muerto de aburrimiento, entreteniéndose en bucear en las funciones más recónditas de su procesador, para complicar, con fruición, el formato de los formularios. Lejos de pensar en cómo ahorrar tiempo al científico, algunos psicópatas son maestros en el arte de machacar neuronas, diga lo que diga el artículo 18 de la Constitución Española, que prohíbe la tortura y los malos tratos. Encima, como estos elementos pululan en ministerios y similares, pueden permitirse el lujo de tener las últimas versiones de sus programas ventanucoides y se dan el gustazo de utilizar las últimas funciones y características, de forma que los sufridos investigadores y científicos están siempre en inferioridad tecnológica frente a sus potentísimos dominadores burócratas.

 

Puedo contar una anécdota divertida sobre el uso de formularios complejos como instrumento de martirio. Hace poco tuve que rellenar uno de estos engendros (¡de 25 páginas!) para una propuesta de un curso. En la primera página se preguntaba el título del curso, que había que introducir en una casilla al efecto. Vale. Tecleo el título susodicho, sigo avanzando y llego a la segunda página. Allí aparece, de nuevo, la casilla con el título del curso. No seamos ingenuos. La tortura no consistía en tener que cumplimentar el título en cada página. No, el martirio era mucho más refinado. Sigamos con mi aventura. Intento copiar + pegar el título en la segunda página y ... ¡no hay forma!. Pruebo a teclearlo de nuevo: nada. De hecho ni con el botón derecho del ratón, ni con el izquierdo, se podía entrar en esa maldita segunda casilla, por más fuerte que se cliqueara. Desesperado, decido probar con otras casillas en otras páginas. El resultado es idéntico: fracaso absoluto. Pregunto a los enteraos: no saben qué pasa. No parece haber solución. El diagnóstico es unánime: "el fichero está mal, descárgalo otra vez". A todo esto, el tiempo pasa. Me bajo el fichero otra vez. Pruebo de nuevo. La historia se repite. Harto de tanta porfía, decido salvar el documento y largarme a casa antes de que cierren la Facultad. Al día siguiente, ante el temor de verme acorralado por los plazos, recupero el formulario dispuesto a todo y ¡milagro!, las casillas del título se habían autocompletado en todas las páginas. Seguramente, el burócrata que diseñó el documento había dado con una función (o conjuro) que autocompletaba las casillas sólo cuando se archivaba el documento. ¡El muy maldito ni siquiera se molestaba en avisar al ingenuo rellenante de estas sofisticaciones de su asqueroso formulario!.

¿Creerá el alucinado lector que acababan ahí las tribulaciones de nuestro completante de formularios?. ¡Ni mucho menos!. Como decía Sinuhé "El Egipcio": "Mi medida todavía no estaba colmada". Supongamos ahora que, una vez que hemos logrado rellenar todo el formulario de las 25 páginas (con datos tales como el número de extintores y aseos del edificio y otros de igual importancia didáctica), decidimos cambiar el título del curso. En el caso que nos ocupa, eso, sencillamente, no era posible. La única solución consistía en volver a rellenar el formulario ab initio (a base de teclear de nuevo o mediante el método lento y tedioso de cortar y copiar el resto del contenido de múltiples pequeñas casillas). ¡Exito completo de los terroristas informáticos!. Seguro que algún extremista sueña, allí en su cubículo, con conseguir el legendario formulario total (FT), que se define como "aquel que se tarda más en completar, que la acción que se solicita (curso, proyecto, etc.) en realizar" . Matemáticamente:

FT = F(tc, tr) / tc>>>tr

tc=tiempo en completar

tr=tiempo en realizar

Con los procesadores actuales, es relativamente fácil construir una de estas armas de destrucción cerebral masiva. La cantidad de virus que aprovechan las macros de otros procesadores de texto para propagarse, demuestra que tales engendros son bombas de relojería cargadas. Con WordPerfect 5.1 no se puede hacer nada de eso: sirve para escribir.

 

WordPerfect 5.1 es bueno, pero no es perfecto. Sólo permite editar dos documentos a la vez (aunque hay fanáticos que han creado macros para editar varios ficheros simultáneamente). Otra característica negativa es que la revisión ortográfica es lenta y pesada y las posibilidades de trabajar con gráficos son muy limitadas. Además, no es fácil incluir enlaces a documentos de internet (cosa que no existía cuando WordPerfect 5.1 fue concebido sin pecado en las planicies de Utah), ni, por supuesto, es posible mezclar tablas de excel, etc. A pesar de estas limitaciones, WordPerfect 5.1 es cómodo y agradable. Uno se siente productivo, dominante y poderoso cuando trabaja con él.

 

Naturalmente, los wordperfecteros vivimos en el siglo XXI, nos comunicamos con otra gente, intercambiamos ficheros y nos vemos obligados a recurrir, para ello, a otros procesadores de texto más conocidos y difundidos. Sabemos perfectamente que somos una minoría insignificante en el océano de las ventanas y, cuando es preciso, convertimos nuestros documentos a los nuevos formatos. Eso sí, en mi caso, en el momento de la conversión siento como si el documento dejase de ser mío. Es como si entregase una mala fotocopia en blanco y negro de un valioso códice ilustrado con colores refulgentes, lo cual no deja de ser algo contradictorio, ya que los procesadores más sofisticados son los que mejor se adaptan a la tarea de pringotear un documento con rayitas, cuadritos, perifollos y dibujitos.

 

Lamentablemente, después de la versión 5.1 se inició el declive de los mormones informáticos (y de su otrora poderosa WordPerfect Corporation). Las sucesivas versiones de la preciada joya acabaron por convertirse en bisutería barata al adaptarse al entorno cutre y ventanuquil. Peor todavía, los amantes de la tranquilidad, pudimos comprobar, con tristeza, cómo nuestro querido y obediente WordPerfect se volvía, con las sucesivas versiones posteriores, respondón y preguntón y empezaba a llenarnos la pantalla con ventanas, avisos y formularios, cada vez que queríamos hacer cualquier mínima modificación en un documento. No nos engañemos: WordPerfect se volvió funcionario: trabajaba poco y mal. Se colgaba continuamente y ponía pegas y pegas a cada paso. Ciertamente, parecía que su máximo afán consistía en sabotear el trabajo intelectual. Se trataba, sin duda, de una capitulación pactada a traición con el jefe del ejército enemigo (sí, sí, el "Puertas" de las ventanas). Al final, Corel Corporation compró los restos del naufragio y sigue comercializando versiones nuevas llenas de ventanas. La gente comenzó a cambiar a otros procesadores: "es que me envían documentos en ese formato y tengo que abrirlos", decían unos. "esto nuevo es más fácil",  aseguraban otros. Un argumento adicional: "¡pero hombre!, ¿no ves que todo el mundo ya se ha pasado a ...?". Los más comprometidos en la causa de la simplicidad nunca aceptamos aquella rendición por etapas y, desde entonces, seguimos luchando contra la marea. 

 

Afortunadamente, la sinrazón no puede imponerse ad aeternum. Aunque parecía imposible encontrar las piedras necesarias para romper los cristales de tantas ventanas, al final la resistencia no ha sido inútil. Nuestros sacrificios comienzan a dar sus frutos: la versión 12 de WordPerfect para ventanas puede configurarse para emular la vieja pantalla y los comandos de WordPerfect 5.1 (los implementadores llaman a eso: "modo clásico"). Sí, evidentemente se divisa una difusa luz azul al fondo del ténebre laberinto retorcido de viscosas ventanas grises.

 

 

 

 

I've been using WordPerfect 5.1 for years. Will WordPerfect 12 be difficult to learn?
Not at all. In fact, with the new Workspace Manager, you can set WordPerfect 12 to run in "WordPerfect Classic (5.1) mode". In this mode, the familiar blue screen environment and keyboard shortcuts are emulated from WordPerfect 5.1.

 

 

 

 

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