¿Qué significa la expresión "publica o muere"?


            La frase que da título a este apartado es un dicho común en los ambientes académicos. En nuestros días la publicación de artículos en las revistas especializadas es muchas veces, más que un medio para dar a conocer unos resultados, casi un fin en sí mismo. Este fenómeno se entiende en él marco de la institucionalización de la ciencia como una profesión más, con sus propias normas internas y sus mecanismos de evaluación y promoción. En los países más desarrollados el número de titulados superiores, incluso de doctores, ha crecido espectacularmente y existe una competencia feroz por ocupar los puestos científicos y docentes en las universidades y centros de investigación. Al mismo tiempo, la especialización creciente del trabajo académico se refleja en el hecho de que sólo unos cuantos expertos son capaces de entender plenamente y juzgar el mérito de los trabajos que se publican en una línea de investigación. Ello hace muy difícil que alguien pueda evaluar el contenido de las contribuciones científicas, lo que se ha traducido en los últimos años en el uso de indicadores bibliométricos para diferentes objetivos. Estos indicadores bibliométricos han experimentado un desarrollo sin precedentes en el marco de las tecnologías de la evaluación.        

            Siempre ha sido más fácil evaluar y medir la cantidad de las contribuciones que la calidad de las mismas. Ello ha dado lugar a una tendencia a publicar casi cualquier cosa a toda costa. Son varios los indicadores que demuestran esta tendencia. Por una parte, el número medio de autores que firman los artículos científicos recogidos en las bases de datos ha ido creciendo de manera continua desde hace décadas. Así, por ejemplo, en 1955 en número medio de autores por artículo indexado en las bases de datos del Institute for Scientific Information (ISI) era de 1.83, mientras en 1980 era de  2.56 y en 1987 era de 3.00. No cabe duda de que una parte de este aumento tiene que ver con la creciente complejidad del trabajo científico que exige más trabajo en grupo. Así, por ejemplo, en Física de partículas, donde se realizan experimentos que pueden durar varios meses y que requieren potentes aceleradores de partículas y grandes equipos humanos, no resultan raros los artículos firmados por más de 100 autores.

            Sin embargo, otra de las razones del incremento en el número medio de autores está relacionada con la tendencia a incluir en los artículos a todos los miembros de un equipo, hayan o no participado en el trabajo. Además, en muchos grupos de investigación existe la costumbre de que el director del mismo figure en todas y cada una de las contribuciones científicas que se generan. Realmente, algunos directores de equipos científicos están tan ocupados consiguiendo fondos para el trabajo del grupo, analizando la bibliografía y revisando las publicaciones que no tienen tiempo para hacer investigación "a pie de obra". A veces, sin embargo, se producen situaciones inesperadas cuando alguno de los autores más o menos gratuitos se ven implicados en asuntos muy desagradables. El caso más reciente es, sin duda, el del Dr. David Baltimore, premio Nobel de Medicina, que ha pasado un auténtico calvario de varios años al tener que responder de unas supuestas manipulaciones de datos de las que se acusaba a una colaboradora suya en un artículo en el que él aparecía como firmante.

 

 

            En 1992 el Institute for Scientific Information publicó una relación de los 20 científicos más prolíficos del mundo. El químico ruso Yury Struchknov encabezaba el ranking con 948 artículos como autor o coautor entre los años 1981 y 1990. Esto significa un artículo cada 3.9 días. El bioquímico inglés Timothy Peters ocupaba el último lugar del top-20 con un artículo cada 11.3 días. Ciertamente, algunos científicos parecen tardar menos en escribir artículos que la mayoría de nosotros tardamos en leerlos.

             

 

La necesidad de publicar a toda costa para sobrevivir en el mundo académico da lugar a un exceso de publicaciones, muchas veces con una calidad cuestionable.
La necesidad de publicar a toda costa para sobrevivir en el mundo académico da lugar a un exceso de publicaciones, muchas veces con una calidad cuestionable.

 

 

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