| ¿Qué son los programas-guía y para qué me sirven? |
Los programas-guía de actividades representan otra aplicación del
modelo constructivista de aprendizaje de las ciencias [Gil, 1987]. Los
programas-guía se orientan fundamentalmente a la enseñanza secundaria, pero
pueden ser muy útiles en los primeros cursos de Universidad. Las
ideas básicas que subyacen en la elaboración de estos programas-guía son
favorecer la construcción de los conocimientos por los alumnos y lograr que se
familiaricen con algunas características del trabajo científico. Los
programas-guías son propuestas de desarrollo de unidades didácticas y, aunque
deben ser cuidadosamente preparados, han de estar abiertos a posibles
modificaciones a la vista de los resultados que se obtengan durante su aplicación,
dado que sería contrario a la orientación constructivista
utilizar este
recurso como una receta inflexible de la que no se puede salir. Estos
programas-guía describen una secuencia de enseñanza en términos genéricos,
relacionando el conjunto de actividades que se incluyen en ella y las posibles
alternativas de trabajo adicionales.
Actividades de iniciación (sensibilización del tema, explicitación de
las ideas que posean los alumnos, etc.).
Actividades de desarrollo (introducción de conceptos científicos, manejo reiterado de dichos conceptos, detección de errores, emisión y fundamentación de hipótesis, conexión entre partes distintas de la asignatura, elaboración de diseños experimentales, etc).
Actividades de acabado (elaboración de síntesis, esquemas, mapas conceptuales, evaluación del aprendizaje, etc.).
Como se puede apreciar, algunas de las actividades tienen una marcada
orientación metacognitiva. Un ejemplo reciente de aplicación de los
programas-guía puede encontrarse en [Ramal y Aguilera, 2001].
La forma en que se utiliza el programa-guía consiste en la realización
ordenada por los alumnos de las actividades propuestas y, para ello, abordan las
actividades que se plantean trabajando en grupos pequeños. De esta manera se
incrementa el nivel de participación y la motivación de los estudiantes. El
profesor debe supervisar el trabajo de los grupos, ofrecer ayudas puntuales
cuando sea necesario, estar atento al desarrollo de las tareas y, tras la
realización de cada actividad, coordinar la puesta en común y reformular los
resultados, a la vez que clarifica y complementa el trabajo de los
equipos.
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