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Escuela y aprendizaje
Cine y educación
Nuevas tecnologías y educación
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Internet, ¿educa?Eusebio GonzálezSon ya varios los años que llevo dedicando a la educación y, entre otras muchas, siempre ha existido una variable que he considerado enigmática, tanto por su carácter innovador como por su difícil aplicación en la escuela. Y no ha variado esta sensación. O mejor llamémosle inquietud, que en ningún caso ha desaparecido sino aumentado, tanto en los años dedicados a la docencia como ahora desde la burocrática situación de la política educativa. Recuerdo que al empezar mis estudios de magisterio me encontré con un término hasta entonces inexistente en mi lenguaje cotidiano: las nuevas tecnologías. Además venían “aplicadas a la educación”, lo que suponía todo un enigma a la vez que daba un toque progresista e innovador a los contenidos “de siempre”. A veces he llegado a la extraña conclusión de que mucho de lo que había en incluir este tipo de contenidos se debía a la necesaria modernización que requería el programa de la carrera; ¡y es que era el primer curso del nuevo plan allá por el 93! Evidentemente existían y existen muchas y más lógicas razones para la inclusión de las nuevas tecnologías en la formación de los docentes del futuro. Tan solo, con esta pequeña introducción, pretendo expresar el caos que siempre han supuesto las NNTT (simplifiquémoslas) tanto a la hora de enmarcarlas en el aula como en el momento de interpretarlas en su contexto educativo más amplio. Curioso es que, en este sentido, sea innato en mi generación su uso doméstico y particular. Dicho esto debo decir que las NNTT han supuesto, a mi entender, un fabuloso medio de enseñanza-aprendizaje para los participantes de este proceso. Quizás, cuando seamos capaces de sacarles todo el jugo, de hacer posible que intervengan de manera complementaria al papel del maestro o profesor, habremos validado y aprovechado todo su potencial, tanto en cuanto no dejan de crecer y superarse. El motivo de citar la complementariedad no es otro que el de anteponerlo al papel que, por su obligatorio uso que le convierte en inconsciente, a veces se le concede de suplir al docente. Dice Fernando Savater que el uso de las nuevas tecnologías, de los recursos audiovisuales, de la técnica en el aula no tiene que llevarnos a pensar que esas herramientas van a educarnos ni a reemplazar al maestro. No puedo estar más de acuerdo. En varias ocasiones he citado en mi circulo profesional el ejemplo de la Junta de Extremadura por su implicación en la formación de sus gentes en las nuevas tecnologías. Hace unos días tuve el placer de estar acompañado de profesionales de la enseñanza de esa región, en unas jornadas educativas que se celebraron en Mérida. Pude comprobar que empezaban a tener agradables consecuencias las medidas adoptadas por la Administración. No era extraño encontrar personas mayores, educadas en tiempos de pluma y tinta, que en Internet habían encontrado a un apreciable aliado. No es del todo así lo que sucede en sus escuelas, algo que podemos extender al conjunto de la comunidad educativa de nuestro heterogéneo país. Cabe recordar que en Extremadura hay un ordenador para cada dos alumnos en el aula, algo que objetivamente es extraordinario por los recursos dedicados. Pero precisamente ahí empieza el problema que se debe subsanar. Los profesores, algunos así lo manifiestan, se sienten obligados a su uso. No es el caso de tener un ordenador situado en un rincón del aula para su optativa utilización; hay que utilizarlos, no puede derrocharse tan valioso y costoso instrumento. Equivocado pero también humano comportamiento. Vuelvo a citar a Savater cuando dice que "Internet me parece que exige más educación y no sustituye a la educación formal ni a los educadores. Al contrario, los maestros tienen que educar pensando que los alumnos van a tener acceso a Internet, que es muy útil para las personas con intereses culturales". Los profesores necesitan formarse más en su didáctica, en adaptar estas nuevas tecnologías y su uso a su papel en el aula. Porque si no se ahogan en la angustia de incluirlos en sus programaciones sin tener que "ausentarse" ellos de las mismas. Es su responsabilidad, pero también de las administraciones educativas.
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| LA BRÚJULA.
correo_gipi@hotmail.com EQUIPO EDITORIAL: Ana B. García Varela, Pilar Lacasa y Héctor del Castillo |
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